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Probablemente, a muchos de nosotros nos parecía inexplicable que en pleno siglo XXI, era de las comunicaciones y del progreso, numerosos países que están más o menos cercanos a nosotros continuasen bajo un régimen de tipo tirano-dictatorial. Quizá ni siquiera nos hubiésemos parado a pensar la cantidad de personas que todavía continúan sometidas y reprimidas ante la voluntad de un personaje que se autoperpetúa en el poder a base de poner en  marcha la política del miedo.


Probablemente, nunca hasta aquel día del mes de Enero en el que un cuidadano tunecino decidió quemarse a lo bonzo en forma de protesta contra su gobierno, ni siquiera sabíamos que un país como Túnez (culturalmente a medio camino entre el mundo musulmán y el occidental) vivía oprimido en una dictadura desde hacía 23 años. Tal vez ni hubiésemos imaginado que ese fuese el inicio del levantamiento de un país por cambiar su destino, y el inicio de un "contagio ideológico" hacia países vecinos que vivían una situación igual o peor que en Túnez.

 

Cuando noticias como estas están de actualidad, resulta inevitable pensar todo lo que hay detrás de las políticas absolutistas. De todas ellas, siempre me ha interesado especialmente el grueso de investigaciones que han surgido con respecto a los movimientos fascistas eurpeos, entre los cuales destacó el nazismo. ¿Qué tuvo de particular el nazismo? En primer lugar, se daban unas circunstancias sociales óptimas para el emerger de un contagio social hacia la extremaderecha: un pueblo masacrado y cansado de las guerras e inmerso en un estado de resignación. En definitiva, individuos aislados, solos, que solamente necesitaban que alguien los guiase hacia una utópica recuperación. En ese momento surge un líder con una opción de cambio y con pretensiones de sacar a la patria, Alemania, de aquel estado de decadencia. Precisamente de ese estado decadente se aprovechó Hitler para crear un sentimiento de odio hacia cualquier ciudadano de alejado de su raza, calificando a todos aquellos individuos de raza no Aria como una especie de saqueadores de la patria alemana. Ahí comenzó todo: un dirigente confuso, narcisista, cínico y, probablemente, poco culto, pero que envió un mensaje claro al pueblo y se sirvió de los pequeños empresarios y comerciantes de clase media que veían como sus negocios se venían abajo. Ellos ayudaron a Hitler a llegar al poder.

Otro hecho curioso lo constituyen los campos de concentración, lugares en los cuales los presos superaban en creces a los carceleros. Podríamos pensar... ¿por qué no se sublevaron?, ¿por qué, incluso, muchos de ellos eran convertidos en verdugos de sus propios compañeros y nadie intentó revelarse?. Numerosos factores eran los que contribuían a la causa más importante de todas: estos presos eran totalmente anulados como personas. Comenzando por un cansancio físico evidente (condiciones de trabajo duras y humillantes y escasa alimentación) y terminando por multitud de mecanismos en los que se fomentaba un comportamiento de obediencia extremo, pasando por una alienación personal destacable. Como no quiero extenderme demasiado, os invito a pinchar en este enlace y leer un experimento de Philip Zimbardo, psicólogo americano, que reprodujo allá por los años setenta una cárcel con nada más y nada menos que voluntarios encontrados a través de un anuncio, y que no sabían a qué tipo de ensayo se presentaban. ( http://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_la_c%C3%A1rcel_de_Stanford ). Zimbardo escogió a los 24 más sanos psicológicamente y los dividió en dos grupos: carceleros y presos. Les entregaron un uniforme diferente a cada grupo y reprodujeron las condiciones de vida de una cárcel. Los resultados asustan: el experimento tuvo que ser suspendido por el grado de violencia sádico y humillante que estaban sufriendo los prisioneros, llegando incluso a sufrir problemas emocionales. Ninguno de los categorizados como carcelero pensó en dejar el experimento y, lo que es más sorprendente, ninguno de los encarcelados protestó ni intentó revelarse.

¿Hasta dónde llega la sociedad? Miramos los sucesos acaecidos en el mundo árabe y nos sorprendemos, nos parece casi de locos que todavía haya gente sometida ante un líder y no sean capaces de gozar de su propia libertad como derecho básico del ser humano. Sin embargo, considero que no estamos libres de volver a ello. los parlamentos de los gobiernos europeos vuelven a tener entre sus filas políticos de extremaderecha, cada vez hay mayor resentimiento hacia los inmigrantes, estamos inmersos en una crisis económica mundial que hace necesaria un reparto de los recursos... ¿Verdad que asusta pensar que se repiten los mismos factores que hace 50 años?. ¿Creéis que la humanidad se desarrolla por medio de ciclos y podemos volver a ver repuntar en un futuro ideologías extremistas rigiendo los países?. Por otro lado, ¿consideráis que esas revueltas de las que hablaba en el principio de este post tendrán sus frutos o generarán, por contra, más represión, como está sucediendo actualmente en Libia ?. ¿Véis alguna similitud entre Hitler y Gadafi?. Os animo a participar.

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Iria Malde Modino

PSICÓLOGA · Colegiada G-3915

Licenciada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela.

  • Máster en Psicología Infantil
  • Diploma de Especialización en Elaboración de Informes Periciales

Colaboradora con publicaciones en portales de psicología, artículos en prensa nacional, programas de radio, charlas y talleres en centros escolares y asociaciones.

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  • Psicóloga Acreditada para el Ejercicio de Actividades Sanitarias