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Una de las últimas noticias que he podido leer en la prensa tenía este impactante titular: "Madre regala a niña de 7 años un cheque canjeable por una operación de liposucción". Al parecer, la pequeña ya poseé otro cheque desde los seis años en el que se le asegura un aumento de pechos en el futuro...


Según comentan, la madre es una persona con un perfil totalmente adictivo a los cambios estéticos que, ahora, está transmitiendo su obsesión a su hija menor. En otra noticia, ésta acompañada de un vídeo, se ve a una madre que obliga a su hija de cinco años a acudir a una clínica de estética para depilarse las cejas con cera. Los gritos de la niña son escalofriantes: http://www.youtube.com/watch?v=xRlgOS45eBE

Quizá estéis pensando que son estos dos casos extremos y poco frecuentes dentro de una transmisión de valores totalmente cuestionables en la educación de los padres para con sus hijos. Sin embargo, echo la vista atrás y recuerdo, asimismo, haber visto algún documental acerca de las niñas que se presentan a "Pequeña Miss América". Niñas que, a partir de cuatro o cinco años, son sometidas a una presión y estrés extremos por alcanzar una perfección impuesta por sus padres y dejando atrás su faceta de niñas. Y lo peor de todo, esa perfección por la que luchan es una perfección totalmente superficial, carente de valores y un intento por darle una envoltura de mujer a una niña de corta edad.

En un post anterior hablé acerca de la anorexia y bulimia nerviosas y puntualizaba que no había una causa única detrás de su desarrollo. Si bien, el componente que tiene que ver con la obsesión hacia la imagen corporal y un intento de perfeccionismo (que posteriormente se desarrolla más allá de una significación física) genera que, en la adolescencia, estas pautas se canalicen hacia un comportamiento autopunitivo y autocrítico en extremo.

Como psicóloga que trabaja con menores, puedo calificar el comportamiento de este tipo de padres como totalmente reprobable y considero que las autoridades oportunas deberían de poner cartas en el asunto. Si tan censurables son otro tipo de comportamientos en las pautas educativas de ciertas familias, también deberían de serlo el sometimiento y vinculación de los pequeños a actividades que sobrepasan por completo la ética moral y la prudencia educativa. Cierto es que, de cara a la galería, estas niñas parecen felices y sonrientes; sin embargo, hay una delgada línea que separa el juego de la negligencia y creo que, desgraciadamente, en muchos casos públicos y privados se evidencia. Con todo ello, me atrevería a pronosticar que estas niñas, todas a las que hago referencia en este post, serán adolescentes y adultas con problemas emocionales, de autoestima y mujeres con muchas dificultades para poder ser felices con ellas mismas.

¿Qué opináis al respecto de este tema? ¿Creéis que realmente los niños ven esto como un juego o, tras las bambalinas, cambia el cariz de la situación?. Muchas gracias!!!

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Iria Malde Modino

PSICÓLOGA · Colegiada G-3915

Licenciada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela.

  • Máster en Psicología Infantil
  • Diploma de Especialización en Elaboración de Informes Periciales

Colaboradora con publicaciones en portales de psicología, artículos en prensa nacional, programas de radio, charlas y talleres en centros escolares y asociaciones.

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  • Psicóloga Acreditada para el Ejercicio de Actividades Sanitarias